ERMITAS DE IGEA 
La ermita de Santa Ana está situada estratégicamente sobre el cerro que domina el pueblo. Subiendo hacia ella encontraremos las antiguas eras empedradas, donde se desarrollaban aquellos tradicionales trabajos de trilla... 

Es una construcción Barroca de finales del siglo XVII principios del XVIII pero parece presagiar que hubo otra anterior, es de mampostería y ladrillo, de una sola nave, en tres tramos y cabecera rectangular, con pilastras toscanas y arcos rebajados soportando la cúpula de cabecera, aristas y lunetas en la nave. 
La imagen titular de la ermita es una obra romanista de comienzos de ese mismo siglo.  
Poco más podemos consignar de esta ermita: una sencilla lámpara de bronce del siglo XVIII y dos o tres bancos de nogal en muy buen uso. 
La ermita de Sta. Ana ha sufrido muchas renovaciones, la última en el año 1.978, por amenaza de ruina en sus tejados, pero siempre se ha conservado su estilo y características peculiares. 
Su envidiable localización, es el más bello mirador para contemplar el pueblo, la vega y todo el contorno en varios kilómetros a la redonda, por eso es un lugar ideal de descanso. 

La ermita de La virgen del Villar Se encuentra a unos 3 Km. del pueblo en dirección a Cornago, sobre la cima de un cerro.  
Sobre el inicio de la ermita podemos decir que en aquellos tiempos España estaba gorbernada en regiones y comarcas  por señores, que la historia llama de horca y cuchillo. Señores dueños absolutos de vidas y haciendas, no reunían más autoridad que su conciencia, regían y gobernaban según voluntad. A sus súbditos prometían defender sus vidas y haciendas contra las amenazas de sus enemigos, que solían ser señores de otras comarcas. 
Uno de éstos señores imperaba en ésta comarca, con su residencia y plaza fuerte en Cornago. Igea no existía todavía como pueblo, su jurisdicción era del señor de Cornago. Un día recorriendo éste señor sus inmensos terrenos, para conocer los puntos vulnerables por donde el enemigo le fuera más fácil atacarle, vio que el camino más corto y más asequible a Cornago era el valle formado por el río regajo y el montículo del Villar era un punto estratégico y céntrico, para poder ser refugio y habitación para los pastores y agricultores. Donde estamos mencionando, se edificó una casa amplia y en ella dedicó una dependencia, esto es, una capilla a la Santísima Virgen María, de aquí el nombre de VILLAR: Casa de campo, quinta. 
Después de pasar la Virgen dos siglos escondida, la descubren unos pastores, entonces deciden hacer la ermita donde estaba enterrada y lo que por el día hacían por la noche se caía, en éstos días hubo una aparición sobre las ruinas de la casa que construyó el señor de Cornago y sobre éstas ruinas decidieron  construir la ermita, es aquí donde está la ubicación actual. 
El edificio es de mampostería y está rehecho casi al completo en el año 1789. El edificio alberga la iglesia dedicada a la virgen y la casa del santero, el primer santero conocido es Domingo Martínez de Inés, en el año 1603, los santeros de este siglo han sido dos: Pantaleón Jiménez (1890-1905) y Baldomero Jiménez (1905-1921), a partir de esta fecha ya no se habla de santeros si no de encargados, en los años 20 cobraban 12,5 ptas. 
El enrejado fue hecho en 1876 por Alejandro Navas y costaron 2.000 reales, también hizo el balcón que da a la plaza, que servía de púlpito en antiguas predicaciones. 
El retablo fue construido  en 1909 por Julián Martínez, de molinos de Duero (Burgos) y costaron 3.000 reales. Allí se colocaron las imágenes de San Blas y San Isidro. 
En la actualidad existe una asociación "Amigos de la Virgen del Villar" y han sido ellos los promotores de la restauración en 1997 y con subvención de la conserjería de Cultura han reparado todo el tejado, cambiando toda la estructura de maderas por vigas de hierro, reparación de las deficiencias de estructura de toda la estructura del edificio, cambiado el tejado y pintado de la iglesia, también han plantado varios arboles en la explanada trasera, el coste total ha sido de 12 millones. Debido a que el constructor que cogió la obra es un Igeano, éste hizo por su cuenta bastantes cosas más de las que figuraban en el proyecto. 
Con la nueva restauración se mandó refundir a Saldana la única campana que tenía, ya que tenía una grieta en de arriba hasta abajo, ésta llevaba una inscripción que ponía " SOI DE SAN PEDRO MÁRTIR AÑO 1752". En la actualidad se han colocado tres campanas: 
1ª 44 kgrs. de peso y con la tonalidad "RE" 
2ª 53 kgrs. de peso y con una tonalidad "DO" 
3ª 68 kgrs. de peso y con una tonalidad "LA" 
La ermita de La virgen del Pilar En medio del término del mismo, a unos 2 km. del pueblo en dirección sureste encontramos la ermita dedicada a la Virgen del Pilar, más esbelta que la de San Roque, pero de las mismas características en su construcción: mampostería, de una sola nave con dos tramos y cabecera rectangular, columnas adosadas a pilastras y arcos rebajados, soportando techumbre de dos vértices. 
Adosada a la misma hubo hasta tiempos recientes una casa, que terminó en ruinas, la entrada es en forma de dintel. Una típica construcción popular del siglo XVII. 
Los datos más interesantes y concretos nos dicen que D. Francisco Rodríguez, sacerdote de esta iglesia parroquial por los años de 1.688, fue el fundador de ésta ermita, construida a sus expensas, como filial de la parroquia, por eso los bienes que le legó, eran comunicables entre "madre e hija", según la voluntad del testador y la necesidad de cada una. Otorgó testamento en Igea, 24 de febrero de 1.725, ante el notario D. Juan José Navarro de Ramírez. 
En este testamento se dice textualmente: "Otorga su testamento y última voluntad, para que se destinen sus bienes, en especial sobre su perpetuidad, para el aseo, aumento y conservación de la ermita de Ntra. Sra. Del Pilar" y luego detalla las fincas y bienes que habían de servir a sus parientes y a la muerte de éstos, pasar definitivamente a ser propiedad de la ermita. 
Actualmente sólo queda en esta ermita la imagen del Pilar, barroca del siglo XVIII. Las otras imágenes que la adornan pasaron a la iglesia parroquial, San Emeterio y San Celedonio, restaurados; San Pedro Mártir, algunos niños, mitad del siglo XVII y algunas pinturas sin interés. 
También ésta ermita hubo que restaurarla casi totalmente, ya que tenía las maderas del tejado en mal estado. 
A ésta ermita solo se acude en peregrinación una vez al año, el día del Pilar, para allí celebrar la eucaristía. 
La ermita de San Roque Es la cuarta ermita que se puede visitar en Igea, la encontraremos siguiendo el río Linares, aguas abajo a unos 2 Km. Quizás sea la ermita más antigua, pues sus paredes parecen haber sido construidas en el siglo XVI, (sobre lo que parece ser una antigua fortaleza, ) aunque la cubierta actual sería de siglos posteriores.  
Construcción de mampostería y sillarejo, de una sola nave pequeña y de muy escasa altura, con tres tramos y cabecera, el tejado se apoya en toscanas columnas y arcos rebajados, con lunetos y rústica bóveda. 
La sacristía cubierta de madera a la vista, y la puerta de arco de medio punto, coronado de sencilla espadeña de un hueco, en ladrillo. 
Los muros exteriores, muy difíciles de definir, parecen del siglo XVI, pero la cubierta no se debe remontar más allá del siglo XVIII. 
En el testero nacía un retablito de dos cuerpos, en tres calles, con balaustres y grotescos del siglo XVI, con pinturas, sobre tabla, coetánea de la imagen de San Roque y su perro, robando pan y alimentos, para el santo y sus pobres, que fue totalmente robado en 1.978, cuando apenas se había terminado el muy deficiente estado de conservación. 
Ahora, en sustitución de lo sustraído se ha hecho una hornacina en la misma pared, en la que se ha colocado la sencilla imagen de San Roque, adquirida por suscripción popular. 
Las tablas robadas representaban: San Roque hallado en su retiro (0,79X0,43) San Roque dando sus vestidos y San Roque sanando a loa apestados (0,67X0,43) y el Calvario e imagen titular mencionada antes de 0,81, repintada y retocada en 1.910.